Digitalizar el territorio rural: preservar el conocimiento, mejorar el Catastro y evitar conflictos futuros

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La transformación digital del territorio no empieza únicamente en las ciudades. También empieza en los montes, en los prados, en los caseríos y en esas parcelas rurales cuyos límites han sido conocidos durante generaciones por quienes han trabajado y cuidado la tierra.

El reportaje publicado por Puntua sobre la digitalización de los terrenos rurales en Debagoiena pone sobre la mesa una realidad cada vez más evidente: una parte importante del conocimiento territorial tradicional está en riesgo de perderse. Durante décadas, los límites de muchas parcelas rurales se han transmitido oralmente, de padres a hijos, apoyándose en mojones, cierres, árboles, caminos, regatas u otras referencias físicas sobre el terreno. Pero la sociedad ha cambiado. La población se ha urbanizado, muchas explotaciones han desaparecido, los titulares envejecen y las nuevas generaciones no siempre conocen con precisión dónde empiezan y terminan sus terrenos.

En Gipuzkoa, esta cuestión tiene una dimensión territorial muy relevante. Aproximadamente el 90% del suelo del territorio histórico es suelo rural: unas 180.000 hectáreas de montes, bosques, prados y terrenos vinculados históricamente al caserío. Para preservar y actualizar esa información, la Diputación Foral de Gipuzkoa ha impulsado un programa de digitalización de los terrenos rurales, con el objetivo de que todo el suelo rural del territorio esté digitalizado para 2030.

La finalidad del proyecto es clara: definir con mayor precisión los límites de las parcelas rurales, identificar los mojones existentes, recoger coordenadas exactas mediante GPS y generar una cartografía digital que refleje mejor la realidad física del terreno. Este trabajo contribuye, además, a la actualización del Catastro rural y facilita la coordinación entre la información catastral, la realidad sobre el terreno y la documentación de propiedad.

Un trabajo técnico, pero también social

La digitalización de las parcelas rurales no es solo una tarea técnica. Es también un proceso de escucha, contraste y colaboración con los propietarios.

El procedimiento comienza normalmente con reuniones informativas organizadas por los ayuntamientos. A los titulares se les entrega un plano topográfico con las parcelas identificadas y los límites inicialmente representados. Después, los técnicos acuden al terreno junto con los propietarios para comprobar los límites reales, localizar mojones, resolver dudas y medir los puntos relevantes mediante equipos GPS.

En Debagoiena, Geograma participa en estos trabajos de medición y digitalización. Como explica Jon Ansola, técnico de Geograma citado en el reportaje, la colaboración de los propietarios es imprescindible. Antes de realizar las mediciones, se les pide que localicen y limpien los mojones, ya que la vegetación o la falta de visibilidad pueden dificultar el trabajo. Además, los límites deben ser contrastados con los propietarios colindantes, porque el proyecto se apoya en el acuerdo entre vecinos.

Este punto es especialmente importante: los técnicos no sustituyen a los propietarios ni resuelven conflictos de titularidad. Su función es medir, documentar y digitalizar los límites acordados. Cuando existe desacuerdo entre vecinos o falta alguno de los titulares, determinadas parcelas pueden quedar pendientes. Aun así, la experiencia recogida en el reportaje muestra una buena disposición general por parte de los propietarios.

Preservar una memoria territorial que puede desaparecer

Uno de los valores más importantes del proyecto es la preservación del conocimiento local.

Muchas personas mayores conocen perfectamente la ubicación de sus parcelas, los mojones y los límites con los terrenos vecinos. Sin embargo, esa información no siempre ha pasado a las siguientes generaciones. En algunos casos, los herederos viven fuera del municipio o apenas han tenido contacto con la actividad agraria o forestal. En otros, los mojones están ocultos por la maleza, deteriorados o directamente desaparecidos.

El testimonio de varios propietarios recogido por Puntua refleja bien esta situación. Aintzane Agirre, propietaria de terrenos en Oñati, explica que muchos mojones antiguos estaban tapados o desaparecidos, y que el trabajo de digitalización permite conservar una información que antes dependía de la memoria familiar. Su reflexión resume muy bien el sentido del proyecto: los mojones físicos pueden moverse, romperse u ocultarse, pero una vez digitalizados, los límites quedan registrados para el futuro.

También José Luis y Fernando Larrañaga, propietarios de parcelas en Bergara y Elgeta, valoran positivamente la experiencia. Acompañaron al técnico durante la medición, comprobaron sobre el terreno los límites que conocían por sus padres y destacan que ahora esa información quedará documentada de forma clara.

Información útil para propietarios, ayuntamientos y administraciones

La digitalización de los terrenos rurales tiene beneficios muy concretos.

Para los propietarios, permite disponer de una documentación clara sobre sus parcelas: planos topográficos, puntos y mojones numerados, ortofotos con las propiedades destacadas y coordenadas precisas de los límites. Esta información resulta especialmente útil en casos de herencias, compraventas, permutas, aclaración de lindes o gestión de explotaciones.

Para los ayuntamientos, ayuda a ordenar mejor el conocimiento del territorio rural, prevenir conflictos vecinales y mejorar la información disponible para la planificación y gestión del suelo.

Para la administración foral, el proyecto contribuye a actualizar el Catastro rural y a mejorar la calidad de los datos territoriales. Además, las parcelas rurales forman parte del Registro de Explotaciones Agrarias, que es esencial para tramitar ayudas, permisos y procedimientos relacionados con la agricultura y la gestión forestal.

La coordinación entre Catastro y Registro de la Propiedad es otro aspecto clave. Tras la reforma de la Ley Hipotecaria 13/2015, la georreferenciación y la coordinación gráfica de las fincas han adquirido una importancia creciente. Disponer de límites precisos, contrastados y digitalizados facilita esa coordinación y reduce incertidumbres jurídicas y administrativas.

Debagoiena como ejemplo de avance

El reportaje muestra cómo municipios de Debagoiena como Oñati, Elgeta o Arrasateestán avanzando en estos trabajos. En Oñati, por ejemplo, el territorio rural se organiza en 28 polígonos y cuenta con más de 7.200 parcelas catastrales. El proceso se desarrolla progresivamente por polígonos, con reuniones informativas, contacto con propietarios, trabajo de campo y entrega posterior de documentación.

En el conjunto de Gipuzkoa, la Diputación puso en marcha las primeras ayudas en 2021. Desde entonces, once municipios han completado la digitalización y otros 38 tienen trabajos en marcha, cada uno en una fase distinta.

De la memoria oral al dato geográfico preciso

Este tipo de proyectos demuestra que la digitalización territorial no consiste únicamente en generar mapas. Consiste en transformar conocimiento disperso, muchas veces oral y vulnerable, en información geográfica precisa, estructurada y útil.

En Geograma conocemos bien el valor de ese proceso: escuchar a quienes conocen el territorio, contrastar la información sobre el terreno, medir con rigor, documentar correctamente y generar datos que puedan ser utilizados por propietarios, ayuntamientos y administraciones.

Digitalizar los límites rurales no es solo actualizar el Catastro. Es proteger la memoria del territorio, evitar conflictos futuros y facilitar una gestión más segura, transparente y sostenible del suelo rural.

Reportaje https://goiena.eus/debagoiena/1777966757809-herrietako-landa-lurrak-digitalizatzen-ari-dira-zehaztuta-geldi-daitezen

Geograma
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